lunes, 10 de marzo de 2014



Al interior de la sala de clase se esta viviendo un espacio educativo que esta compuesto por distintos elementos, tanto tangibles como intangibles, hay un profesor, estudiantes, pizarra, pupitres, libros, cuadernos, métodos de enseñanza, tipos de aprendizajes, etc.



Los más importante es que existe en ese espacio una relación que se establece entre el profesor y los estudiantes, una relación socio afectiva. Muchos coinciden que en función de esta relación se determina un momento propicio o no para facilitar el proceso de enseñanza-aprendizaje, más aún esta relación es entre el profesor y con cada uno de los estudiantes, desde la particularidad e individualidad de cada uno de ellos.


En el proceso de enseñanza-aprendizaje se involucra el profesor y sus estudiantes por medio de una acción educativa. Esta acción involucra tres aspectos, el primero de ellos tiene que ver con el Saber, es decir, establecer el ámbito cognitivo, conocer y comprender un área o temática especifica. El segundo aspecto es el Saber hacer, dado que se ha establecido el Saber entonces es posible que hacer con ese conocimiento, cual es su ámbito de aplicación. Finalmente el Saber Ser aspecto que esta presente en este proceso y tiene que ver con el ámbito de las emociones y el estado de ánimo del individuo.



La acción educativa la vive no solo el estudiante también el profesor, cada uno desde su rol, cada uno desde su yo; ambos tienen que estar concientes desde donde están viviendo esta acción (acción educativa).

Sin duda que conocer, descubrir y tomar conciencia desde que emociones y estado de ánimo se esta viviendo el proceso de enseñanza-aprendizaje constituye un desafió y una responsabilidad que se debe considerar. Humberto Maturana indica “La emoción define la acción. Es la emoción la que define cuando un gesto dado es una agresión o una caricia. Nosotros siempre estamos en una dinámica emocional, en un fluir de un dominio de acciones a otro en la historia de interacciones recurrentes en la que vivimos”. Esta temática ya ha sido abordada en la Inteligencia Emocional, en la Educación basada en competencias o en la Comunicación Efectiva. Pero ¿cómo un profesor es capaz de facilitar el aprendizaje en sus estudiantes?, sino esta conciente del momento emocional en el cual está, o si no es capaz de advertir en su estudiante cual es el estado de ánimo que no le permite conectarse con ese aprendizaje. Aun más que hacer cuando cada uno de esos estudiantes en el aula está en un estado emocional distinto, ¿cómo determino entonces una estrategia para centrar la mira en sus deseos, motivaciones y sentimientos?


Define 6 emociones básicas universales y aculturales y están en la base del comportamiento humano y que siempre tiene estos tres componentes: es algo que “está en el medio”, entre lo mental y lo físico. Desde es el mundo de las emociones y los estados de animo es que aprendo Saber Ser y desde ahí es que me conecto con el Saber y el Saber hacer, es desde ahí es como el profesor y el estudiante visualiza un rango de posibilidades o no y esto tiene consecuencias en el proceso de aprendizaje. Desde las emociones es que un profesor emite juicios, muestra su coherencia en la comunicación con sus estudiantes, pero los estudiantes también lo hacen desde ahí: hay una respiración, una expresión facial y postura corporal de la que hay estar conciente. Y es el estado de ánimo es que nos predispone emocionalmente para ver y actuar en la vida y en la sala de clases.



En un estudiante el estado de ánimo pueden abrir o cerrar posibilidades en el aprender y un profesor la posibilidad en enseñar. Las declaraciones que se experimentan en la relación con el estudiante, como por ejemplo, la resignación, cuya acción verbal se traduce en “no hay nada que pueda hacer, estudio pero no aprendo”, el resentimiento, en “no tengo mas oportunidad, el profesor es el responsable, pero no importa ya que ya advertirán el error que se cometió”, la apertura en “declaro que no sé y estoy dispuesto a aprender”, el asombro en “no entiendo pero me gusta”, entre otras están condicionando el éxito o fracaso de una acción educativa.



Finalmente, éxito o fracaso del proceso de enseñanza-aprendizaje no esta radicado exclusivamente en la definición de buenas estrategias educativas, en la planificación curricular, en planificación de actividades. Ya que en este proceso intervienen y se diseñan para y con los estudiantes y son ejecutadas por el profesor, seres humanos que están permanente conectándose con la realidad por medios de sus emociones.

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